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El Vía Crucis del PSOE de Ceuta

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Esta Semana Santa de 2024 será recordada por los socialistas ceutíes no solo por el temporal que la acompaña, sino también por la particular estación de penitencia que atraviesa el partido en nuestra ciudad desde que la polémica en torno a la municipalización de la limpieza pusiera el último clavo en el ataúd de la carrera parlamentaria de Juan Gutiérrez. El socialismo caballa parece querer imitar a Sísifo y, cada vez que acerca su piedra a recuperar el poder, tras tres décadas de abstinencia, deja caer la estructura creada y se deshace en guerras internas.

Muchos de los electores de las pasadas municipales no vivieron con derecho a voto la primera fractura, en forma de escisión, con la moción de censura a Francisco Fraiz en junio del 1985, que acabaría en la formación del PSPC, partido fundador de Caballas y de la que es heredera Ceuta Ya. Sería el propio Fraiz quien acabaría saliendo del PSOE para ganar las elecciones de 1991, bajo las siglas del PFC; una derrota que para los socialistas supuso la marginalidad política que en el año 2007 a poco estuvo de dejar a la entonces candidata, Antonia Palomo, fuera de la Asamblea. La recuperación del suelo electoral que trabajó Jose Antonio Carracao tras la dimisión de Palomo se vio empañada por su repentina salida, y fue ya con la llegada de Manuel Hernández cuando el PSOE conseguía recuperar el peso político que se supone a uno de los dos grandes partidos de nuestro país.

También sería simplista achacar exclusivamente este nuevo capítulo en las luchas cainitas de los socialistas a la votación sobre TRACE. Esta propuesta, que había aparecido en varias ocasiones en su programa electoral, fue llevada a la Asamblea por el Grupo Vox en enero de 2022 con el voto en contra del PP. Sin embargo, es mucho más probable que el potencial simbólico de este último acto de Juan Gutiérrez, de anteponer el interés personal al interés público con ni siquiera un año de distancia de haberse propuesto para dirigir la Ciudad, haya sido el impulso que necesitaban los miembros del Grupo Municipal Socialista descontentos con las contradicciones de Gutiérrez para dar el paso a tomar las riendas de la dirección local.

Consta a esta redacción que, desde dentro del Grupo, se hicieron esfuerzos para convencer al dimitido portavoz de la incoherencia de votar contra un proyecto que fue propio, en algún momento, del PSOE de Ceuta. Si a esto se suma la inacción de la Secretaría General en asuntos de calado para la Ciudad que dependen de Madrid y que hubiesen dado forma a su oposición, más allá de ser una sucursal de los órganos federales; y que se hizo un pobre esfuerzo en escuchar a quienes advertían sobre los previsibles pasos de Vivas, el epílogo de esta novela no era difícil de predecir.

Así, mientras las reuniones de unos con otros no paran de sucederse, Madrid mantiene el silencio sobre si dejará que las aguas se equilibren solas y que la transición se lidere desde la actual Secretaría General, u optará por la gestora como medida salomónica que apacigüe la desconfianza existente entre los distintos sectores antes del Congreso Ordinario. Es una decisión con muchas aristas para Ferraz, que se encuentra en mitad de tres contiendas electorales y, la ya anunciada por el propio Pedro Sánchez ,reorganización de las federaciones tras la cita europea de junio.

El horizonte temprano no parece alentador y la opción de la gestora parece atractiva como medio para un fin, evitar una transición caótica y dolorosa del partido que deja Juan Gutiérrez al del próximo Secretario General.

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